Siempre quiso protagonizar una gran película, de las de amplio presupuesto y fácil masticado.
Tenía el perfil idóneo.
Tenía el estilo adecuado.
Fama, por favor, pedía. Ser reconocido por adolescentes salidas. Saberse un ídolo entre tanta pija de lengua entumecida.
Ésa era su personal utopía.
Todo hacía pensar que lo conseguiría.
Pero, al fin, la grabación comenzaría.
Y por supuesto, por supuesto que la cagaría.